Mayo 2026·5 min

Política alimentaria en cada bocado

Política alimentaria en cada bocado

Cuando voy al supermercado hoy en día, es habitual encontrar manzanas de Argentina, aguacates de Kenia, salmón de Noruega, uvas de Sudáfrica. Los alimentos viajan miles de kilómetros, pasan por decenas de intermediarios y llegan a mi plato con semanas de antigüedad, tratados con conservantes y empacados en plástico.

Y sin embargo, aquí, en el Mediterráneo, en España, siempre hemos tenido abundancia de alimentos de temporada, de calidad, cercanos.

Yo también disfruto de la globalización

Yo también disfruto de un coco de Tailandia en las playas de Mallorca. Mi hija ama la fruta de la pasión de Colombia; supongo que estará en sus genes… esos mangos de Brasil, el matcha de la mañana. ¡Viva la globalización en cada bocado!

Pero sin olvidar el origen de cada cosa. Sin dejar de mirar más allá. Sin perder de vista que el Mediterráneo tiene tantísimo por ofrecer.

Esto no es casualidad

Es el resultado de decisiones políticas y acuerdos comerciales que priorizan el negocio global sobre la salud de las personas, los agricultores locales y el medio ambiente.

El problema de los alimentos que viajan demasiado

Cuando un alimento recorre miles de kilómetros, pierde valor nutricional con el tiempo. Necesita más conservantes, más tratamientos, más embalajes plásticos. Además, la huella de carbono es enorme: el transporte en avión, en barco, en camión, contamina muchísimo más que consumir lo que se produce en tu región.

Pero hay algo más grave: esto destruye la agricultura local. Cuando el supermercado puede vender tomates argentinos más baratos que los tomates de tu comunidad, ¿quién compra los locales? Los agricultores españoles y europeos no pueden competir con precios subsidiados de otros continentes. Y así desaparecen campos, se pierde saber tradicional, se abandona la tierra.

Mercosur y los acuerdos que no nos convienen

Uno de los pactos más discutidos es el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay). Este tratado facilitaría la importación masiva de carne, soja, azúcar y otros productos de Sudamérica.

El problema es doble. Primero, mucha de esa carne proviene de zonas donde se deforesta la Amazonía para crear pastos o cultivos de soja. Segundo, esos productos llegan más baratos que los nuestros porque no cumplen las mismas normas medioambientales, laborales ni de bienestar animal que los productores europeos.

No estoy de acuerdo con un acuerdo que penaliza al agricultor que sí cumple normas, que sí cuida el suelo, que sí respeta el bienestar animal, que sí paga impuestos y salarios justos. No tiene sentido importar carne barata de zonas de deforestación cuando tenemos ganaderos en España que podríamos apoyar.

Por qué importa lo local

Comer local significa alimentos más frescos, con más nutrientes y menos tiempo entre la cosecha y tu plato. Menos plásticos, menos embalajes, menos transporte contaminante. Apoyar a los agricultores y ganaderos de tu región, que mantienen vivos los campos y el saber tradicional. Alimentos de temporada, aquellos que el cuerpo necesita en cada época del año. Y menos dependencia de cadenas de suministro globales frágiles, como hemos visto en crisis recientes.

En el Mediterráneo tenemos la suerte de tener una de las dietas más saludables del mundo: aceite de oliva, verduras, hortalizas, frutas, legumbres, pescado, pan de masa madre. No necesitamos importar todo lo que comemos. De hecho, deberíamos comer más de lo que se produce aquí.

Qué puedo hacer

No depende solo de los políticos. Cada compra es un voto. Puedo comprar en mercados locales, no solo en supermercados. Elegir productos con sello de origen protegido, de mi región. Preguntar en las tiendas de dónde viene lo que compro. Consumir de temporada, como hacían nuestras abuelas. Apoyar agricultores locales, grupos de consumo, cooperativas.

La alimentación es más que un acto personal

La alimentación no es solo un acto personal. Es político, es natural, es de salud pública. Cada vez que elijo local, estoy diciendo qué tipo de mundo quiero. Y cada vez que disfruto de un coco tailandés en Mallorca, también sé de dónde viene, y qué significa ese bocado.

— Tara