La silla: cómo nos sentamos tanto que hasta el inodoro se nos volvió trono (y ahora somos adictos a ella)

Allí donde la gente se sienta bajito, me viene a la mente ese viaje a Vietnam: sus paisajes, su comida, su gente, sus olores… todo maravilloso. Lo que más me sorprendió con creces fue el concepto de terrazas, algo que también compartimos en España. No obstante, allí se sientan en sillas y mesas prácticamente del tamaño de la que mi madre compró a su nieta, a mi hija Maya, cuando tenía pocos años de edad.
Así que el paisaje de las calles son terrazas acogedoras con juegos de mesas y sillas de plástico, como las que puedes encontrar en IKEA. Hombres y mujeres de avanzada edad compartiendo y disfrutando. Y si no quedan sillas, de cuclillas. Siempre de cuclillas.
Esa postura, que para los occidentales puede ser un verdadero reto, me hizo preguntarme: ¿en qué momento nos llegó la silla? Y la aplicamos para comer, estudiar, trabajar, conducir, incluso para ir al baño. Esos minutos al día cuando haces tus evacuaciones, donde antiguamente o incluso todavía en muchos lugares del mundo se evacúa de cuclillas, ahora nos sentamos en un trono cómodo y hasta curvamos la espalda con el móvil en la mano.
¿Por qué las cuclillas?
Desde la anatomía y la osteopatía, esta postura tiene beneficios enormes. La posición de cuclillas endereza el recto y relaja el músculo puborrectal, lo que facilita la evacuación completa sin esfuerzo y reduce problemas de hemorroides y estreñimiento. Además, abre la cadera mediante una flexión profunda de cadera, rodilla y tobillo, manteniendo la movilidad articular natural y estirando la cadena posterior de las piernas.
Esta postura también mejora la digestión, porque la compresión suave del abdomen masajea los órganos digestivos y mejora el peristaltismo intestinal. Fortalece pies, tobillos y piernas, mejorando el equilibrio y la propiocepción; activa el suelo pélvico de forma natural y, desde la perspectiva energética del Oriente, estar más cerca del suelo conecta con la energía de la tierra y facilita la meditación y la calma mental.
Pequeños pasos, sin culpa
Vale, entiendo que no vamos a hacer un baño seco en el jardín, o que la movilidad te cuesta. No todos tenemos la misma flexibilidad, especialmente si has tenido lesiones previas en rodillas o caderas, si has estado sentado toda tu vida, si tienes edad avanzada o si tienes sobrepeso. Por eso están las ayudas: mini taburetes para colocar los pies en el baño y elevar las rodillas por encima de las caderas, sillas de rodillas ergonómicas, zafu y zabuton para sentarte en el suelo más cómodamente, sillas bajas estilo japonés como las de Vietnam, o simplemente sentarte en el suelo cinco o diez minutos al día mientras ves televisión o lees.
Volviendo a esos países de Oriente, y no solo Oriente, también he visto esto en partes de América Latina y África, donde he compartido con hombres y mujeres ancianos que pueden estar así horas haciendo sus actividades, de lo más cómodos. El secreto es la práctica constante desde pequeños. El cuerpo se adapta y mantiene la movilidad natural.
Y sí, entiendo que es una postura desafiante. En yoga, la posición de cuclillas aparece en la segunda serie de Ashtanga como pasasana, con piernas y pies juntos, y luego entre la torsión y el atado. Yo pasé meses trabajando en esa postura y aún me falta mucho trabajo, pero cada día que paso en cuclillas noto más apertura en caderas, menos dolor de espalda, más conexión con mi cuerpo y más presencia mental.
No necesitas cambiar tu vida de golpe. Empieza con dos minutos al día. En el baño, sube los pies con un taburete. Al comer, siéntate en el suelo diez minutos. Al trabajar, levántate cada hora y haz diez cuclillas. Al ver la TV, siéntate en el suelo en lugar del sofá. En tu práctica de yoga, incluye la posición de cuclillas, Malasana.
Tu cuerpo te lo agradecerá
La silla occidental no es mala per se, pero la dependencia total de ella nos está costando dolor de espalda crónico, falta de movilidad en caderas, problemas digestivos y separación de nuestra naturaleza corporal. Occidente nos sentó. Oriente nos recuerda que podemos estar de otra forma. ¿Y si probamos durante dos minutos al día? Tu cuerpo te lo agradecerá.
— Tara
